Por qué la ciencia y el pensamiento crítico siguen siendo nuestra mejor defensa frente a la superstición, la pseudociencia y la desinformación en la era digital
Por El Ingeniero S
Somos una sociedad tecnológicamente avanzada, pero una sociedad científicamente ignorante. Esto puede ser una combinación peligrosa para el futuro.
Carl Sagan
Mi fascinación por la ciencia se remonta a la lectura de divulgación científica. Recuerdo con especial aprecio dos de ellos que son extraordinarios: La introducción a la ciencia (Isaac Asimov, 1979) y Cosmos (Carl Sagan, 1980). Ambos se convirtieron en una referencia que me acompañaron durante mis estudios de ingeniería y me ayudaron a adoptar el pensamiento científico. Aunque he leído varios de sus libros (leer todos los libros de Asimov sería una faena histórica), dejé pasar por alto el último libro publicado en vida de Sagan: El mundo y sus demonios (1995).
Aunque han pasado treinta años de su publicación, las ideas de Sagan perduran más frescas que nunca. Sagan argumenta que el método científico, es fundamental para la democracia y la civilización moderna. Además la necesidad del pensamiento crítico resuena con una urgencia renovada en nuestra era digital.
Argumento central
Carl Sagan defiende el pensamiento científico y el escepticismo como herramientas fundamentales para distinguir la verdad de la falsedad en un mundo lleno de superstición, pseudociencia y fraudes.
La lógica retorcida de la caza de brujas
La creencia en demonios se remonta al mundo antiguo, los clásicos griegos hablaban de ellos y se les veía más como seres naturales que sobrenaturales pudiendo asumir cualquier forma (San Agustin, Ciudad de Dios 412-426). En la edad media esas historias de demonios se mantenían vivas y esos demonios en forma de diablos seducían a las mujeres para engendrar “brujas”.
En 1484, en su bula, el papa Inocencio VIII reconoció la existencia de la brujería y autorizó a los inquisidores a investigar y castigar a supuestas brujas. Además la creencia en la brujería se consideraba como herejía - un delito aún más grave-.
Las personas acusadas de brujería, mayormente mujeres, significaban que eran brujas sin juicio de por medio que lo confirmara. Las personas acusadas no tenían derechos.
Según un jesuita Friedrich von Spee quién escuchó confesiones de acusados de brujería en la ciudad alemana de Wurzburgo (1631), había una lógica retorcida en los investigadores. Si algún rumor malicioso inculpaba a una mujer inofensiva, enfrentaba dos dilemas que, supuestamente, aportarían las pruebas necesarias:
Primer dilema: ¿Cómo ha llevado su vida? Si es mala, debe ser culpable. Si es buena y propia, entonces es igual de condenable porque las brujas siempre simulan parecer virtuosas.
Segundo dilema: Ya encarcelada, ¿tiene miedo o no lo tiene? Si lo tiene, es una prueba segura porque su conciencia la acusa. Si no muestra temor, confiando en su inocencia, también es una prueba: es característico de las brujas simular inocencia.
Adicionalmente, los inquisidores recurrían a la tortura, ya que la consideraban como método infalible para demostrar la validez de la acusación. Así, cientos sino miles de personas aceptaron practicar la brujería para detener la tortura a que eran sometidas. Sobra decir que los inquisidores rutinariamente confiscaron las propiedades de los acusados y se las quedaban para ellos mismos hasta que la quema de brujas en Europa declinó a partir del siglo XVI.
Los demonios persisten
Medio milenio después se podría pensar que la brujería es cosa del pasado ¿o no? En nuestra época no causa sorpresa encontrar brujas y diablos en los cuentos infantiles que luego son llevadas a las historias de cine. Algunas iglesias siguen practicando exorcismos y personas que, defendiendo su culto, realizan denuncias de brujería las prácticas rituales de otros cultos.
Los métodos cambiaron, pero la lógica persiste: hoy no quemamos brujas, pero sí dejamos morir pacientes que rechazan tratamientos científicos por creer en pseudoterapias. No torturamos para obtener confesiones, pero sí permitimos que el miedo y la desinformación torturen el pensamiento crítico hasta que la razón se rinda.
La superstición no es el único gran demonio de nuestro mundo, la falta de educación científica contribuye a la aparición de pseudociencias que apelan a la fe, el miedo o explicaciones fantásticas. En contraste, la ciencia busca explicaciones basadas en evidencias. La actividad científica y tecnológica es sencillamente la que más ha impactado en el desarrollo de nuestra civilización.
Impacto de la ciencia y tecnología en el desarrollo humano.
El efecto transformador de la ciencia y tecnología se puede valorar en múltiples dimensiones: la esperanza de vida pasó de 31 años en 1900 a más de 70 años hoy. Las vacunas erradicaron enfermedades que mataban millones: viruela, polio, sarampión. Los antibióticos convirtieron infecciones mortales en tratamientos de días. La Revolución Verde evitó hambrunas masivas mediante mejores cultivos y fertilizantes, permitiendo que la agricultura científica alimentara a 8 mil millones de personas.
Descubrimos que vivimos en un universo de 13.8 mil millones de años y entendemos nuestra evolución desde organismos unicelulares. Hemos explorado desde el átomo hasta galaxias distantes. Comprendemos el ADN, la base molecular de la vida. La mecanización liberó a millones de la agricultura de subsistencia, creando tiempo libre y oportunidades educativas que permitieron que más personas desarrollaran su potencial intelectual y creativo.
Internet conectó a la humanidad como nunca antes. El conocimiento científico es más accesible que en cualquier momento de la historia. La colaboración científica internacional acelera los descubrimientos. La imprenta, y luego internet, destruyeron monopolios del saber: cualquier persona con conexión puede acceder a bibliotecas enteras. Esta democratización del conocimiento ha permitido una movilidad social sin precedentes.
Contexto actual: los demonios en la era digital
Los "demonios" metafóricos a los que se refiere Sagan en su ensayo parecen ser los mismos treinta años después. Más aún: algunos de ellos se han reforzado. Irracionalidad, ignorancia, charlatanería y credulidad siguen produciendo creencias irracionales en la gente y ayudando a que sigan en auge las llamadas pseudociencias, las cuales aprovechan la susceptibilidad cultural de los humanos para popularizar ciertas representaciones: creencias, ideas, artefactos, prácticas. Los humanos buscamos respuestas simples.
Un artículo de la revista Mètode (2018) concluye que las pseudociencias se difunden “ampliamente porque su carácter intuitivo las hace atractivas, consiguen apropiarse de la autoridad científica y logran inmunizar a las críticas con éxito”. Por ejemplo, los humanos nos inclinamos hacia el esencialismo (primero es la esencia, luego la existencia) lo que nos hace susceptibles de creer en la idea central de la homeopatía: la memoria del agua. Esta supuesta habilidad le permite al agua retener una memoria de una sustancia previamente disuelta en ella aún después de un arbitrario número de diluciones en serie.
Además de la homeopatía hay otras pseudociencias relevantes en el ámbito de la salud cuyos efectos no superan el efecto placebo en estudios rigurosos: terapias energéticas como el Reiki, basadas en supuestas "energías" que no pueden medirse ni detectarse científicamente. Por otro lado, hay pseudociencias sobre el planeta y el cosmos: la astrología y la ufología. La Tierra no es plana —hay abrumadora evidencia científica que comprueba su esfericidad— sin embargo, en las redes sociales resurgen cada vez más adeptos al terraplanismo. La astrología no tiene base científica al relacionar la personalidad de las personas con la posición de planetas, estrellas y satélites. A pesar de ello seguimos con interés nuestro horóscopo de la semana. Conozco personas que hablan de una teoría de conspiración reptiliana, en donde alienígenas reptilianos metamorfos controlan la Tierra mediante poder político para manipular sociedades humanas.
En redes sociales proliferan "doctores" sin título que venden curas milagrosas para el cáncer. Influencers con millones de seguidores promocionan dietas "detox" sin base científica. Políticos promueven medicamentos no probados durante las pandemias. La línea entre entretenimiento y charlatanería se vuelve peligrosamente difusa cuando tiene consecuencias en la salud pública.
El caso Maryfer Centeno
En el 2024 asistí, junto con mi familia, a la Feria Internacional del Libro en Guadalajara durante la presentación del libro: El lado oscuro de la mente humana (Maryfer Centeno, 2024). Centeno habló sobre los temas principales de su libro: la maldad, la psicopatía y los perfiles criminales, utilizando su experiencia como grafóloga y especialista en lenguaje corporal para analizar la psique humana.
Mi familia y yo notamos un exceso de seguridad en el evento. Después nos enteramos de que había habido una gran polémica en redes sociales centrada en la autora por su participación en el evento literario. Durante la presentación, una participante del público le cuestionó a Centeno su falta de reconocimiento de que la grafología no es una ciencia. (Distinguir de la grafoscopía o peritaje caligráfico: disciplina forense basada en principios científicos con validez jurídica que determina la autenticidad de firmas y documentos). Hoy la grafología se utiliza ampliamente en algunos países, especialmente en áreas como la selección de personal. Sin embargo, la investigación científica rigurosa no ha encontrado pruebas empíricas que respaldan la relación entre el análisis de la escritura manuscrita y rasgos de personalidad.
Del salón a los salones del poder
El problema no es solo que existan pseudociencias —siempre han existido— sino que prosperan en un ecosistema de alfabetización científica deficiente. Y ese ecosistema lo crean, en parte, las políticas públicas. ¿Quiénes las diseñan? Legisladores que, en su mayoría, carecen de formación científica.
Renunciar o debilitar el pensamiento científico conlleva graves riesgos intelectuales, sociales y políticos como antes se ha mencionado. Entonces deberíamos esperar que en democracias liberales emanan una serie de leyes y políticas públicas que reflejen el pensamiento crítico y riguroso de la ciencia. No siempre es así.
¿Y nuestros legisladores entienden de ciencia?
Revisando la formación universitaria de los miembros del congreso de EE.UU. podemos encontrar los siguientes datos:
- En el 116 congreso (2019-2020) los ingenieros representaban el 4%, mientras que el 40% de los miembros tenían licenciaturas en derecho.
- En el congreso 119 (actual) dominan las profesiones de servicio público, política, los negocios y el derecho, y el 96% de los miembros son graduados universitarios. Destaca la presencia de la congresista Luz Rivas siendo la única latina con formación STEM (Ciencia Tecnología Ingeniería y Matemáticas)
- Típicamente un 10% de los miembros del congreso tienen algún tipo de formación en STEM después de la preparatoria.
¿Cómo está representada la ciencia y tecnología en congresos de países latinoamericanos?
No se sabe con exactitud. Aparentemente es un dato que no se recopila o publica sistemáticamente. Se puede estimar una escasa representación técnico-científica en estos congresos, mismos que son dominados por perfiles emanados de las ciencias políticas/sociales y derecho.
Lo que sí sabemos del contexto científico latinoamericano son la producción e inversión científica: de 6,000 científicos más influyentes del mundo, sólo 32 son latinoamericanos: 15 de Brasil, 8 de México, 3 de Argentina, 3 de Chile, 2 de Colombia y 1 de Panamá.
El promedio mundial de inversión en Investigación y Desarrollo en 2024 fue de 1.95% del Producto Interno Bruto (PIB), aunque en los países desarrollados es mayor 2.66% Argentina invierte 0.55% del PIB, ubicándose por encima de Chile (0.36%), Colombia (0.29%), México (0.27% y 0.16% en 2025).
La escasa representación técnico-científica de los congresos en América Latina es particularmente grave ya que los países deben tomar decisiones sobre desarrollo tecnológico, deben legislar sobre el cambio climático, energías verdes, biodiversidad y recursos naturales, así como también los retos que enfrenta la región en innovación, generación de riqueza y competitividad. Curiosamente se genera un círculo vicioso: precisamente la falta de comprensión científica en la política podría estar perpetuando la baja inversión en ciencia y tecnología.
Conclusión preocupante
El panorama muestra una paradoja dramática: mientras algunos países intentan fortalecer la educación STEM con iniciativas focalizadas (Chile, Perú, Uruguay), mientras que otros (México) reducen el contenido de STEM en educación básica, la tendencia regional es de recortes presupuestarios en ciencia y educación, crisis de aprendizaje profunda que precede incluso a la pandemia, inversión muy por debajo de las recomendaciones internacionales y falta de datos sistematizados sobre contenidos STEM en primaria.
La advertencia de Sagan se confirma treinta años después: sin ciudadanos científicamente alfabetizados, la democracia y el desarrollo están en riesgo. América Latina está fallando precisamente en el momento histórico en que más necesita inversión en educación científica.
Los demonios que Sagan identificó —irracionalidad, charlatanería, ignorancia— no desaparecieron con el nuevo milenio. Simplemente aprendieron a usar hashtags, algoritmos y cuentas verificadas. La vela de la ciencia que ilumina la oscuridad es frágil y puede apagarse. Y hay quienes soplan con fuerza para apagarla.
