El medio tiempo del Super Bowl se convirtió en un manifiesto cultural: identidad, orgullo y el mensaje de que la comunidad latina no solo está presente, está más fuerte que nunca
Por Omar Velasco
Benito Antonio Martínez Ocasio, 31 años de Bayamón, Puerto Rico con una década en la música, ya pisó el escenario más grande del entretenimiento en Estados Unidos: el Super Bowl.
Y lo hizo sin cantar una sola palabra en inglés.
Bad Bunny llegó con su casita al Levi’s Stadium, sede del Super Bowl LX, en Santa Clara, California. Lo que ocurrió ahí fue histórico… pero también profundamente emocional. En un momento difícil para millones de latinos, especialmente para quienes viven en la sombra por su estatus migratorio, Benito no solo dio un espectáculo. Dio un mensaje.
Desde que apareció, vestido completamente de beige claro, sosteniendo un balón de fútbol americano mientras sonaba Tití Me Preguntó, la piel se erizaba. La sangre latina se calentaba. No era solo música… era identidad.
Un camino que no fue fácil
El anuncio de Bad Bunny como protagonista del medio tiempo encendió conversaciones. Hubo críticas hacia la NFL y Apple, patrocinador del espectáculo. ¿La razón?
“No canta en inglés.”
“¿Es lo suficientemente americano?”
Ignorancia pura.
Los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses. Pero más allá de eso, Benito nunca llegó a pedir permiso. Llegó a representar. A llevar alegría. A llevar cultura. Y él lo sabía: este momento era más grande que él.
La casita, el perreo y la cultura
El espectáculo continuó en la azotea de la casita más famosa de la música actual con Yo Perreo Sola. Bailarines, energía, cultura. Y celebridades acompañando el momento: Karol G, Young Miko, Pedro Pascal, Jessica Alba, Cardi B, entre otros, todos dentro del universo de Benito.
La expectativa por el invitado sorpresa crecía… hasta que el DJ sonó:
“Dale, dale don, dale..." (Don Omar).
Y luego se escuchó... “A ella le gusta la gasolina, dame más gasolina..." (Daddy Yankee).
No apareció ni Daddy Yankee ni Don Omar. No hacía falta. Era un tributo. Un reconocimiento. Benito entendió algo que pocos olvidan: antes de Bad Bunny, existieron Daddy Yankee y Don Omar.
El reggaetón tiene historia, y el Conejo Malo lo sabe.
Creer… siempre creer
“Si estoy en el Super Bowl es porque nunca dejé de creer en mí.”
Cantaba Mónaco… y no era solo una letra. Era su verdad.
Llegaron las sorpresas.
Una pareja se casaba en medio del estadio. Lady Gaga apareció interpretando Die With a Smile en versión salsa. Benito siguió con Baile Inolvidable mientras lanzaba mensajes directos a quienes viven en silencio, en miedo, en invisibilidad:
“Baila sin miedo. Ama sin miedo.”
El clímax latino
Sonó NuevaYol… y llegó uno de los momentos más poderosos de la noche. En medio de esa energía apareció una escena profundamente humana. Un instante tierno. Benito se acercó a un niño y le entregó su histórico Grammy, el primero para un álbum completamente en español en ganar Álbum del Año.
No fue solo un gesto. Fue un mensaje.
Ese niño podía ser Benito de pequeño, el que nunca dejó de creer en sí mismo. Pero también era el niño que hoy está mirando, escuchando, sintiendo. Ese niño que al ver a su cantante favorito en la televisión, se le abre la mente y el corazón para soñar sin límites, y algún día convertirse en lo que su alma le dicte, inclusive en el próximo Bad Bunny.
Llegó otro momento inmenso que nos hizo gritar con emoción a los que estabamos reunidos en casa. Ricky Martin apareció para cantar parte de la canción Lo que le pasó a Hawaii y Bad Bunny en el centro, bandera de Puerto Rico en alto, como un conquistador recuperando lo que nos pertenece: la cultura, la lengua, la esencia.
“Todos quieren ser latinos… pero les falta sazón.”
El estadio explotó.
Amor sobre el odio
A ritmo de Café con Ron con las banderas ondeando, Benito recitando los países del continente americano y en la pantalla gigante del estadio lo único en inglés en todo el espectáculo: THE ONLY THING MORE POWERFUL THAN HATE IS LOVE.
Seguimos aquí
No fue solo un show.
Fue un momento histórico.
Un recordatorio.
Un grito.
El grito latino.
Seguimos aquí.
Con cultura.
Con música.
Con identidad.
Con orgullo.
Y esta vez… el mundo entero nos escuchó.
Gracias, Benito.
