Cumbres borrascosas 2026 en polémica: el nuevo ‘blanqueamiento’ de Heathcliff en la versión de Emerald Fennell

La nueva adaptación de Emerald Fennell revive el debate sobre la identidad racial de Heathcliff y reabre una vieja discusión en Hollywood: ¿romance gótico o borramiento histórico del personaje creado por Emily Brontë?


"No soy yo quien ha desgarrado tu corazón. Has sido tú, y al desgarrártelo, destrozaste el mío… ¿para qué quiero vivir cuando tú…? Oh, Dios, ¡quisiera estar contigo en la tumba!"

Cumbres borrascosas, Emily Brontë.

Por Chava Chávez

Crítico a Domicilio


Le debemos a Emily Brontë una de las novelas más importantes de la literatura romántica inglesa, Cumbres borrascosas (Wuthering Heights), publicada en 1847. Esta autora nació en 1818 en Thornton, un pueblo cercano a Bradford, en Yorkshire (Reino Unido), donde vivió hasta su temprana muerte, a los 30 años, en 1848, víctima de tuberculosis. Conoció muy bien el paisaje de su región—un entorno rural, remoto, caracterizado por páramos desolados y melancólicos --, el cual tendrá un papel muy relevante en el contexto de la historia que cuenta en la novela. Desafió a la sociedad victoriana y patriarcal del siglo XIX al retratar una pasión intensa entre dos personajes de distinta clase social y etnicidad: Catherine y Heathcliff. Esta pareja protagoniza una historia de amor, pasión y venganza en los páramos de Yorkshire.

En la novela conoceremos a una familia terrateniente integrada por el señor Earnshaw y sus dos hijos: Catherine y Hindley. Earnshaw, el dueño de la finca Cumbres Borrascosas, trajo un día a Heathcliff, un niño abandonado, para criarlo como suyo. A diferencia de Catherine que lleva una buena relación con el hermano adoptado, Hindley lo detesta y no pierde ocasión en humillarlo. Pasa el tiempo y a pesar de que Catherine siente amor por Heathcliff, decide casarse con un rico terrateniente del lugar, el rubio Edgar Linton, lo que ocasiona la huida del joven adoptado porque estaba profundamente enamorado de la hermosa muchacha con la que creció. Años después, Heathcliff regresa a Cumbres Borrascosas convertido en un hombre acaudalado y dispuesto a vengarse de la familia Earnshaw. 


Un aspecto esencial en la novela es que Heathcliff no es un hombre blanco, y aunque Emily Brontë nunca dice de forma explícita “Heathcliff es africano” o “es negro”, lo codifica racialmente de manera muy clara para un lector del siglo XIX. Se lo describe como un “gitano de piel oscura” y “por lo negro que es, parece un enviado del diablo”. Al mismo tiempo, da una pista importante: el señor Earnshaw lo trajo de Liverpool, un puerto central en el comercio transatlántico de esclavos durante el siglo XVII conectando África con el Caribe y América. Por ello, Liverpool alberga una de las comunidades negras más antiguas del Reino Unido. Además, no se le concede apellido propio: solo es Heathcliff, así, sin ningún tipo de linaje o genealogía. Por todo lo anterior, cabe pensar que el personaje concebido por Emily Brontë debe ser un hijo de la diáspora africana o de marineros de las colonias. En la siguiente pintura de J.W. Northcote aparece el actor Ira Aldridge como “Otelo, el moro de Venecia”. Este rostro es un bueno modelo de lo que la novelista inglesa podría haber tenido en mente para su personaje. 

Portrait of Ira Aldridge (J.W. Northcote).

Y algo más decisivo: la violencia contra Heathcliff es explícitamente racializada. Su maltrato (miradas, insultos, humillaciones, latigazos) no es solo de clase: es racismo por su etnicidad. No es que la autora inglesa haya escrito una novela “abolicionista” --a la manera de Sab (1841) de Gertrudis Gómez de Avellaneda, que denuncia la esclavitud en Cuba--, sino que el tema del sistema esclavista está latente en la narrativa. Aunque Inglaterra había abolido la esclavitud en 1833, no había resuelto sus consecuencias morales, económicas ni simbólicas. De tal modo que podemos sostener que Heathcliff debe leerse como un sujeto racializado (negro o mulato), un huérfano del imperio británico, un hombre sin patria.


EL MODELO DEL BLANQUEAMIENTO

A pesar de lo anterior, la industria del cine y la televisión ha mantenido una larga tradición de elegir actores blancos para interpretar a Heathcliff. Se puede entender —no justificar— que, en la adaptación clásica de 1939, dirigida por William Wyler, se eligiera a un actor blanco por el contexto cultural de la época. Sabemos que Hollywood estaba racialmente segregado: un Heathcliff negro era impensable. Por ello, se ha creado un modelo que borra el origen racial del personaje. Laurence Olivier es el fundador. Le seguirán Richard Burton, Timothy Dalton, Ralph Fiennes, Tom Hardy, entre otros. De esta manera, al borrar el origen racial del personaje, la historia funciona como una desventura amorosa con elementos góticos. Así, el resentimiento de Heathcliff (la racionalidad que podría explicar su venganza) ya no es por encarnar el sistema esclavista de la época de Brontë, sino por su amor desmesurado por Catherine, una mujer blanca. Transitamos, entonces, del poderoso subtexto de la raza/imperio a una pura tragedia romántica.

Merle Oberon y Laurence Olivier (Cumbres Borrascosas, William Wyler, 1939).

Incluso, un director surrealista como lo fue Luis Buñuel, en su adaptación de la novela, Abismos de pasión (1954), contrata al actor español Jorge Mistral para hacer Heathcliff. Digamos, para darle su crédito, que Buñuel captó muy bien el espíritu de la novela en esta producción mexicana, ya que sentimos el carácter maldito de ese amor entre Catherine y Heathcliff que se opone a las convenciones sociales de la época: l’amour fou (el amor loco) que tanto gustaba a los poetas surrealistas. Pero, sigue inscribiendo su película en el paradigma de la blanquitud, por lo que el conflicto se desplaza a una pasión amorosa que arrasa con todo, antes –insisto—que, a un conflicto generado por la exclusión racial, la violencia de clase y la negación del origen. Es decir, Buñuel traslada la historia al paisaje mexicano, pero no interroga el legado colonial español que podría haber dialogado con el origen racial del personaje.

Jorge Mistral e Irasema Dilian en Abismos de pasión (Luis Buñuel, 1954).

LA EXCEPCIÓN QUE CONFIRMA LA REGLA

En esta larga historia de blanqueamiento, la versión de Andrea Arnold (2011) destaca como la excepción que confirma la regla. Al elegir a un actor negro, James Howson, Arnold devolvió a la narrativa su crudeza original, permitiendo que el espectador comprendiera que el resentimiento de Heathcliff no nacía solo de una pasión amorosa, sino por el maltrato sistemático debido a su etnicidad. Dicho de otro modo, esta película nos demuestra que cuando Heathcliff es interpretado por un actor de color, la violencia de la familia Earnshaw y el resentimiento del personaje adquieren una dimensión mucho más cruel y realista, tal como Emily Brontë lo sugirió. 


James Howson, el primer actor negro en el papel de Heathcliff (Andrea Arnold, 2011).

“WUTHERING HEIGHTS” CON COMILLAS

Lamentablemente, la reciente adaptación de la directora Emerald Fennell, estrenada el pasado 13 de febrero, justo para la celebración del día del amor y la amistad, continúa la tradición de la "blanquitud" perdiendo nuevamente la oportunidad de explorar la profundidad racial de la novela. Por ello, según creo, se da un paso atrás en la evolución histórica del personaje. No es lo mismo 1939, cuando Hollywood estableció el modelo, que 2026, cuando ya no puede justificarse el borramiento de la etnicidad de Heathcliff. Emerald Fennell, al elegir a Jacob Elordi, la nueva creatura en Frankenstein (Guillermo del Toro, 2025), perdió una gran oportunidad: devolverle a la historia su subtexto de exclusión racial. 

Margot Robbie y Jacob Elordi (Emerald Fennell, 2026).

En entrevistas recientes, Fennell ha defendido su decisión argumentando que cada lector tiene una 'conexión personal' con la novela de Emily Brontë y que ella simplemente está filmando la película que 'imaginó al leerla'. Incluso, dice, que por eso le puso comillas al título de la novela. Es decir, las comillas le darían un supuesto permiso para silenciar el aspecto político quizás más relevante de la novela. Al centrarse casi exclusivamente en los elementos 'sadomasoquistas' y en la toxicidad del deseo entre Margot Robbie y Elordi, la película reduce Cumbres borrascosas a un ejercicio de estética gótica y erotismo visual, vacío de la carga social que hace de la novela una obra verdaderamente subversiva. Transitamos, una vez más, de la poderosa crítica al imperio a una pura tragedia romántica de gente bella. 

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