¿Shakira sí es rock? El debate que divide al Salón de la Fama del Rock & Roll

La nominación de Shakira al Rock & Roll Hall of Fame desata el debate: ¿realmente es rock? Analizamos su legado, influencia y la controversia frente a Mariah Carey.

Por Omar Velasco


Cada vez que el Rock & Roll Hall of Fame anuncia nominados, el mismo debate regresa con fuerza: ¿qué es realmente el rock hoy? ¿Un sonido específico? ¿Una actitud? ¿Un momento histórico que ya pasó? Este año la conversación se encendió con un nombre que inevitablemente divide opiniones: Shakira.


Y lo voy a decir con claridad: para mí, Shakira sí merece estar en el Salón de la Fama del Rock & Roll.

No lo digo desde el entusiasmo latino ni desde la emoción del momento. Lo digo porque si uno revisa su trayectoria con honestidad, encuentra que su raíz musical está mucho más ligada al rock de lo que muchos quieren admitir.


Antes de los estadios, antes del Super Bowl, antes de los himnos globales, hubo una joven colombiana con guitarra, letras introspectivas y una propuesta alternativa que no encajaba del todo en el molde pop tradicional. Pies Descalzos y ¿Dónde Están los Ladrones? no eran discos diseñados para sonar plásticos o prefabricados; tenían una energía cruda, una búsqueda lírica y una identidad que conectaba con el espíritu del rock latino de los noventa.


Canciones como Inevitable u Octavo Día no eran baladas comerciales ligeras. Había guitarras al frente, crítica social, introspección y carácter. Y eso importa. Porque el rock no siempre ha sido solo volumen; ha sido postura.

Además, cuando hablamos de legado, Shakira no solo ha tenido permanencia: ha tenido evolución. Ha cruzado idiomas, ha conquistado mercados, ha encabezado eventos globales y ha influido a una generación entera de artistas latinos que crecieron viendo que era posible romper fronteras. Eso también es parte del ADN del rock: romper límites.


Ahora bien, el contraste con Mariah Carey hace que el debate se vuelva más interesante. Mariah es una artista monumental. Su técnica vocal es extraordinaria, su registro es impresionante y su impacto en el pop y el R&B es indiscutible. Pero el talento vocal, por sí solo, no define el espíritu del rock.

Históricamente, el rock ha celebrado la imperfección, la intensidad y la energía que a veces se siente más que se mide. Mariah representa refinamiento, precisión y sofisticación. Es brillante, pero su esencia no nació de la rebeldía sonora que tradicionalmente asociamos con el rock & roll. No es una cuestión de quién es mejor artista; es una cuestión de identidad musical.

En años recientes, el Salón de la Fama ha ampliado su criterio y ha reconocido que el “rock & roll” puede interpretarse como un movimiento cultural más que como un género estrictamente delimitado. Si esa es la nueva lectura, entonces la conversación cambia. Ya no se trata de si un artista suena exactamente como una banda clásica de los setenta, sino de si su impacto, su actitud y su influencia han marcado a la cultura popular de manera profunda.


Bajo ese lente, Shakira cumple con los requisitos. Tiene más de 25 años de trayectoria sólida, ha influido en múltiples generaciones y, sobre todo, ha demostrado una identidad artística que no nació como producto moldeado por la industria, sino como propuesta propia.


¿Entrará? Eso lo decidirá el comité y los votos. Pero si algo deja claro esta nominación es que Shakira sigue siendo relevante, sigue provocando conversación y sigue generando debate. Y si algo ha hecho el rock desde su origen, es precisamente eso: incomodar, dividir opiniones y mover la aguja cultural.

Por eso, más allá del resultado final, la pregunta no es si Shakira es “suficientemente rock”. La pregunta es si estamos dispuestos a aceptar que el rock también evolucionó.


Y en mi opinión, evolucionó hace tiempo.

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