La prodigio del patinaje artístico que se retiró a los 16, regresó más fuerte y conquistó el oro olímpico, en una historia marcada por exilio, identidad y redención sobre el hielo.
Alysa Liu durante la exhibición de gala. Juegos de Invierno 2026.
Por Argos Latino Staff
Hay historias deportivas que parecen guiones de Hollywood. La de Alysa Liu es una de ellas: una saga que mezcla exilio político, prodigio adolescente, retiro prematuro y un regreso triunfal coronado con oro olímpico en Milán.
Las raíces de una campeona
Para entender a Alysa hay que empezar por su padre. Arthur Liu creció en una aldea de montaña de apenas doscientos habitantes en la provincia de Sichuan, China, donde ni siquiera había electricidad. A los 25 años, tras participar en las protestas pro-democracia vinculadas a la masacre de Tiananmen en 1989, tuvo que huir del país como refugiado político. Llegó a California sin casi nada, y con los años logró obtener un título en Derecho por la Universidad de California y fundar su propio bufete de abogados en el Área de la Bahía.
Arthur decidió convertirse en padre soltero a los 40 años. Tuvo cinco hijos mediante fecundación in vitro con donantes anónimas y gestación subrogada: Alysa, su hermana Selena y los trillizos Josh, Justin y Julia. En ese hogar modesto —la familia entera llegó a compartir un solo dormitorio con tres literas—, la pequeña Alysa comenzó a patinar a los cinco años, inspirada por las leyendas Michelle Kwan y Kristi Yamaguchi.
Ascenso meteórico y un retiro inesperado
El talento de Alysa fue evidente desde temprano. A los 12 años se convirtió en la mujer más joven en aterrizar un triple Axel, y a los 13 ganó el campeonato nacional de Estados Unidos, la más joven en lograrlo. Alysa era, en términos deportivos, un fenómeno comparable a las apariciones tempranas de Serena Williams o Simone Biles.
En 2022, con apenas 16 años, compitió en los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín, donde terminó en sexto lugar. Pero aquella experiencia estuvo marcada por una sombra inquietante: el FBI alertó a su familia de que agentes vinculados al gobierno chino habían intentado espiarlos, haciéndose pasar por funcionarios del Comité Olímpico para obtener sus números de pasaporte. La huella de Tiananmen perseguía a Arthur Liu incluso tres décadas después.
Pocos meses después de Pekín, Alysa hizo algo que nadie esperaba: se retiró. A los 16 años, decidió —sin consultar a su padre— que necesitaba una pausa. Arrojó sus patines al fondo de un armario, donde permanecieron un año y medio. Se dedicó a estar con sus hermanos, empezó la universidad y exploró nuevos intereses. Como ella misma explicó después: "Tomar un descanso y ganar nueva perspectiva me ayudó a entenderme como persona. De eso se trata la vida: probar cosas nuevas y aprender".
@60minutes After becoming the youngest U.S. women’s figure skating champion in history at only 13, Alysa Liu abruptly retired, stunning the skating world. “I was 16 and college was coming up. Like, I wanted to do so much. I went to Nepal, and I trekked to Everest Base Camp. Me and my friends would do tons of road trips. Yeah. I mean, I was really just living it up. I would say it was my best life,” says Liu. For nearly two years, she says, she didn’t think about skating. #figureskater #alysaliu #retirement #sportscomeback #athletejourney ♬ original sound - 60 Minutes
El regreso y la consagración en Milán
En 2024, a los 18 años, Alysa desenterró sus patines del armario y volvió al hielo. Aterrizó un triple en su primer intento, como si nunca se hubiera ido. Pero esta vez las reglas eran distintas: ella elegiría su música, diseñaría sus vestidos y tomaría las decisiones artísticas. Su padre dio un paso atrás. "Cada persona tiene que tomar su propio camino", dijo Liu.
Los resultados llegaron rápido. En 2025 ganó el campeonato mundial, rompiendo una sequía de 19 años para el patinaje femenino estadounidense. Y en febrero de 2026, en los Juegos de Milán-Cortina, completó la hazaña: pasó del tercer lugar tras el programa corto al oro olímpico con un puntaje de 226.79, convirtiéndose en la primera estadounidense en ganar el título individual femenino desde Sarah Hughes en 2002.
Su programa libre fue al ritmo de "MacArthur Park Suite" de Donna Summer, la legendaria versión disco de 1978 del tema compuesto por Jimmy Webb en 1968 tras el rompimiento con su novia, siendo el MacArthur Park de Los Ángeles su punto recurrente para compartir el almuerzo. La canción —que arranca melancólica y estalla en energía disco— resulta una metáfora casi perfecta de la propia trayectoria de Alysa: del dolor del retiro a la euforia del regreso. Curiosamente, Liu no conocía ni a Donna Summer ni la canción; fueron sus entrenadores quienes la convencieron tras descartar un programa con música de Lady Gaga. El impacto fue tal que las reproducciones de "MacArthur Park" en Spotify aumentaron casi un 900% tras su actuación.
ALYSA LIU'S GOLD-WINNING FREE SKATE ROUTINE! ⭐️ #WinterOlympics pic.twitter.com/mH8tZkFCdK
— NBC Olympics & Paralympics (@NBCOlympics) February 20, 2026
"Las medallas no me definen", dijo Liu después de subir al podio. "Siento la validación cuando puedo crear y cuando tengo una pista de hielo para hacer lo que amo". Con 20 años, dos oros olímpicos (individual y por equipos) y la clara intención de seguir compitiendo, Alysa Liu no solo rescató sus patines de aquel armario: rescató una forma de entender el deporte como expresión artística y personal.
La hija del refugiado de Tiananmen patinó libre en Milán, mostró su alegría y el mundo se puso de pie.
