Desde la numerología y la energía personal, una guía para cerrar ciclos, elevar la vibración y comenzar con propósito.
Por Ed "NamastED" Chávez
“Cerrar con gratitud e iniciar con intención es la forma más consciente de cruzar un nuevo ciclo.”
La celebración del Año Nuevo siempre viene cargada de alegría, expectativas, propósitos y, sobre todo, esperanza. Para algunos representa un borrón y cuenta nueva; para otros, el momento ideal para el cambio. Nos motiva pensar que el día uno marca un inicio.
Y esta vez no estamos tan equivocados al sentirlo así. Desde la numerología, el 2025 fue un año de cierre. Al sumar sus números y reducirlos a un solo dígito, el resultado es el 9, símbolo del final de un ciclo. En cambio, el 2026, al hacer el mismo ejercicio, nos lleva al número 1: el comienzo.
La numerología es una práctica espiritual y simbólica que asigna a cada número una energía y atributos específicos. En ese contexto, la energía del número uno está asociada con la manifestación, el liderazgo, los nuevos comienzos y los logros. Los cambios nos piden acción, y la acción despierta un nuevo nivel de conciencia personal.
La invitación de esta energía es apostar por lo nuevo y cerrar ciclos que se han repetido. Es como si fuéramos computadoras que necesitan actualizar su sistema operativo para funcionar de manera más eficiente.
Por eso, sentir una energía fresca no es casualidad. Hay en el ambiente una especie de “reset” que nos favorece: una dosis de calma, esperanza y fuerza. Una vitamina positiva para la mente y el cuerpo que nos infunde inspiración.
“La verdadera limpieza energética comienza en lo invisible: nuestros pensamientos, emociones y vibración.”
Como dice el refrán, cuando una puerta se cierra, otra se abre. Con la energía del año nuevo, que permanece especialmente fuerte durante los primeros días, toca agradecer al 2025 por sus lecciones y finales, honrar lo vivido y soltar lo que ya cumplió su ciclo. Solo así podemos darle la bienvenida al 2026, abriéndonos a nuevos comienzos que nos alineen con más de un propósito y nos acerquen a la vida que queremos crear y vivir. Cerrar con gratitud, iniciar con intención.
Visualizar nuestro futuro nos ayuda a definir dirección. Enfocarnos nos da claridad, voluntad y convicción. Los llamados tableros de visión son una herramienta para darle forma a esa visualización, pero sobre todo para motivarnos hacia lo que deseamos vivir. Porque no basta con escribir una lista de propósitos; es necesario intencionarlos, darles sentido y coherencia. El universo trabaja a través de esa coherencia, que aparece cuando alineamos lo que queremos con lo que pensamos, decimos y hacemos.
Desde mi experiencia personal, con más de siete años trabajando como reikista y acompañando procesos de canalización energética, partimos siempre de una ley universal: la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma. Y como la energía está en todo, el cruce de año es tan significativo como simbólico. Es atravesar un portal que nos lleva de un espacio cerrado y viejo a uno nuevo y abierto.
Es justo cuando abrimos la mente que llega el cambio de perspectiva. Ese que nos permite observar, decidir, evaluar y calibrar nuestras elecciones. Porque el año nuevo nos invita a accionar, y toda acción comienza con una decisión sencilla: voy al gimnasio o no voy, elijo comer balanceado o no, bebo más agua o no, leo ese libro o no, digo sí o digo no.
Más allá de la religión que profesemos, la esperanza es universal. Y la fe que ponemos en nuestras intenciones determina la calidad de los resultados. He aprendido a definir la fe como frecuencia electromagnética: un cúmulo de energía cargada de esperanza que nos conecta con aquello que deseamos manifestar. Leí alguna vez que el miedo y la fe nos piden lo mismo: creer en algo que no vemos, pero sentimos. Como el wifi, que no lo vemos, pero confiamos en él y lo usamos. Creer es crear.
“Creer es crear: la fe y el miedo nos piden lo mismo, confiar en algo que aún no vemos.”
En síntesis, lo que estos días nos regalan es la oportunidad de blindar nuestra energía, no como un ritual, sino como un estilo de vida. La verdadera limpieza energética comienza en lo invisible: nuestros pensamientos, emociones y vibración. ¿Cómo elevar nuestra frecuencia? A través de la gratitud, el servicio y el amor. Tres fuerzas intrínsecamente conectadas con una vibración alta, y quizá por eso esta época se siente más ligera: el colectivo vibra en esas frecuencias.
Que este 2026, tu año de inicio, esté lleno de bendiciones y milagros. Que tu sistema nervioso encuentre calma y tu sistema operativo se actualice. No te quedes solo con los propósitos como metas; quédate con la experiencia de haberles infundido tu mejor energía y voluntad. Porque el resultado más importante será aquel que, al cerrar el año, te haga sentir satisfacción y plenitud.
