Qué dice hoy la ciencia sobre la longevidad, la esperanza de vida saludable y los límites reales de “vivir más”
Llegar a los 100 años ya no es una rareza desconectada del resto de nosotros. En el número del 20 de septiembre de New Scientist se destaca que el número de centenarios en el mundo está aumentando: en 2015 eran casi medio millón, y se proyecta que para 2050 podrían ser 3.7 millones.
Aunque la biología nos sigue imponiendo límites, lo interesante ya no es solo vivir más, sino vivir bien más tiempo. Habiendo tenido una vida saludable llega un punto donde empezamos a preguntarnos: ¿hasta cuándo dejamos de tener buena salud? En otras palabras, a qué edad llegan las temidas enfermedades crónico degenerativas de las que no parece tener una cura definitiva y pueden surgir en cualquier etapa de la vida.
La esperanza de vida (EV) no cambió por cientos de años, desde la Grecia clásica hasta el inicio del siglo XIX la esperanza de vida media en el mundo era alrededor de 32 años. Los avances médicos, mejoras en sistemas de salud y saneamiento, además de la reducción de la mortalidad infantil han catapultado la EV media en el mundo a 73.5 años en 2025. No obstante hay diferencias significativas en este dato entre países y regiones. La EV al nacer en América Latina y el Caribe ronda 76 años (valor más reciente consolidado para 2023).
La esperanza de vida saludable (EVS) es otro dato estadístico que está tomando similar relevancia a la esperanza de vida. La OMS define a la esperanza de vida saludable al nacer como el número promedio de años que una persona puede vivir con “plena salud” , entendiese como tal, la ausencia de limitaciones funcionales o de discapacidad. Este indicador de EVS también se mide a los 65 años, una vez que una persona alcance esa edad con salud plena.
Foto por Andrés Alagón en Unsplash
Resumiendo en un ejemplo con datos: una mujer nacida en 2019 en México tiene una EV de 78.9 años y una EVS de 67 años; a los 65 años ella tendría una EVS estimada en 10.5 años. En contraste, una mujer nacida en España en 2019 tiene una EV de años de 86.2 años y una EVS de 70.4 años; a los 65 años su EVS es de 12.3 años, o sea que a partir de los 77 años empezaría el declive de su buena salud.
Nota. A partir de 2020 las estadísticas de EV y EVS disminuyeron a nivel mundial por la pandemia de Covid-19 registrando el mayor retroceso en 2022, desde entonces esas estadísticas están en vías de recuperar los valores previos a la pandemia.
¿Qué sabemos hasta ahora?
La longevidad tiene múltiples factores: algunos fuera de nuestro control (genes, azar, entorno), otros plenamente dentro (hábitos, dieta, ejercicio, sueño), es eso que llamamos estilo de vida. Se ha encontrado que la genética influye en la longevidad mucho menos de lo que comúnmente se piensa y se estima que contribuye en sólo un 25-30% en la duración de la vida. Así que contar una “buena” o “mala” genética familiar no te destina a vivir una larga o corta vida, ya que el estilo de vida pesa más.
Foto por Nick Fewings en Unsplash
El artículo de New Scientist señala que ya tenemos evidencia sólida de que mejoras en medicina, en nutrición y en estilo de vida están haciendo que una “vida centenaria” sea cada vez más plausible. Algunos puntos clave:
- En países con alta calidad de vida, los centenarios siguen siendo más comunes. Mónaco, Hong Kong, Japón y Suiza encabezan la lista de más centenarios per cápita.
- Hay evidencia de que dieta, ejercicio, microbioma, estado mental juegan un papel en cómo “envejecemos bien” (la suplementación pudiera agregarse también.
- Pero también se recalca que “vivir hasta 100” no es garantía de “vivir 100 saludables” porque la calidad importa tanto como la cantidad.
El enfoque ideal para optimizar los factores mencionados es plantearse un objetivo alcanzable; por ejemplo, llegar a los 90 años teniendo la salud de 75 años. ¿Cómo lo logramos?
Qué sí podemos hacer (y qué esperanzas son exageración)
Lo que sí parece respaldado por la ciencia hasta hoy:
1 - Mantener actividad física regular: moverse, no solo “no hacer nada”.
Seguir una dieta saludable, variada, no depender de milagros “anti-edad”.
2- Cuidar el microbioma intestinal (sí, ese “universo interno” cada vez más vinculado al envejecimiento) — el artículo de New Scientist lo menciona.
3 - Un estado mental que incluya propósito, conexión social, evitar aislamiento.
Contar con acceso a servicios de salud.
Foto por Center for Ageing Better en Unsplash
Vale la pena explorar cada uno de esos factores en futuros artículos de Código Beta. Pero por lo pronto te dejo una gráfica de los hábitos en el estilo de vida que impactan en la esperanza de vida según un estudio en EEUU que demostró que adoptar ciertos hábitos saludables una persona de 40 años puede esperar vivir 20 años más que una persona que no los adopte.
Adaptado de NewScientist y American Journal of Clinical Nutrition : Volume 119, Issue 1P127-135 January 2024
Lo que aún es especulación o está limitado:
- Curar el envejecimiento en sí como tal (el cuerpo humano es un sistema complejo).
- Visiones de “inmortalidad” o de vivir hasta 150-200 como algo inmediato: hay muchas incógnitas éticas, biológicas y sociales. Asunto sólo para biohackers millonarios.
- Aplicar tratamientos altamente especializados que aún no están al alcance general.
El contexto latinoamerica no: ¿qué significa para nosotros?
En América Latina, los retos son distintos: desigualdad, acceso desigual a salud, diferencias en infraestructura, nutrición, educación. Llegar a los 100 no solo depende de genética, dieta o ejercicio; depende de sistemas de salud (la OMS recomienda un gasto del 6% del PIB*) , redes de apoyo, entornos sanos.
En Chile, el gasto en salud como porcentaje del PIB se estimó en 0.9% en 2024, mientras que en México la cifra proyectada para 2025 es de 2.5% y será menor en 2026.
Algunas reflexiones para nuestra región:
Las “zonas azules” (zonas con alta longevidad) suelen tener estilos de vida comunitarios, actividad física natural, dieta sencilla — muchas de esas condiciones se dan en partes de Latinoamérica (como en Costa Rica -Península de Nicoya-) pero no siempre con los apoyos del sistema.
Hay una oportunidad: imaginar la longevidad no sólo como “añadir años” sino cómo “añadir vida”: más salud, más conexiones, más propósito. Es importante cuestionar: ¿quién tiene acceso real a estos hábitos “longevos”? ¿La brecha se ensanchará si solo los más privilegiados pueden vivir mejor más años?
Para nuestra región la Organización Panamericana de la Salud ha iniciado un ambicioso programa: Década del Envejecimiento Saludable (2021-2030). Según informes de progreso hay avances en políticas públicas, persistiendo desafíos en atención de larga duración, adaptación de servicios para adultos mayores y desigualdades de acceso.
Una propuesta para empezar desde hoy
Para no quedarnos en la mera aspiración tecnológica, aquí van tres pequeñas acciones que podemos incorporar y que tienen sentido en Latinoamérica:
1 - Caminar, moverse, no quedarnos estáticos. Aunque sea una actividad sencilla, mantener el cuerpo en movimiento cuenta.
2 - Dieta con sentido de lugar: alimentos locales, menos procesados, más variedad vegetal — mezclando ciencia moderna con sabiduría local.
3 - Relaciones y propósito: mantener comunidad, intercambios intergeneracionales, aprender siempre algo nuevo (únete a un grupo de baile folklórico, toca un instrumento musical en banda, inscríbete a clubes de lectura, resuelve rompecabezas y sudokus con amigos). Envejecer bien también es social.
Llegar a los 100 años ya no tiene que ser meta de élite o fantasía de biohackers. Pero que sea posible no significa que sea sencillo -hay que trabajarselo. Vivir más sin vivir bien es un regalo a medias. Y en América Latina, donde la historia muchas veces se escribe desde la resistencia, la longevidad no puede ser solo agregar años: tiene que ser sumar vida o como diría Fonseca en su canción Canto a la vida ¨que triste sería la vida si la alegría no es compartida”.
