Target retiró un disfraz infantil después de que usuarios lo compararan con imágenes racistas del pasado. Pero más allá de la polémica, el caso nos deja una pregunta que probablemente volveremos a discutir este Halloween: ¿en qué momento un disfraz deja de ser divertido y comienza a burlarse de alguien?
Halloween tiene algo que pocas celebraciones nos permiten: por una noche podemos convertirnos prácticamente en quien queramos. Podemos ser vampiros, políticos, cantantes, monstruos, personajes de películas o inventarnos algo completamente absurdo. Parte de la diversión siempre ha estado precisamente en exagerar, hacer el ridículo y reírnos un poco de nosotros mismos y de todo lo que nos rodea. El problema aparece cuando esa exageración deja de ser parte del personaje y comienza a parecerse demasiado a una caricatura de una raza, una cultura o una comunidad.
Eso es justamente lo que acaba de pasarle a Target con un disfraz infantil llamado “Kids’ Glows Under Blacklight Circus Clown Halloween Costume”, perteneciente a su colección de Halloween Hyde & EEK! Boutique. En las imágenes promocionales aparecía un niño negro usando un traje naranja y negro, guantes oscuros y una máscara con una enorme sonrisa. A simple vista, alguien podría decir que no hay mucho más que ver: es un niño vestido de payaso para Halloween. Pero otras personas vieron algo completamente diferente.

En redes sociales comenzaron las críticas porque algunos usuarios consideraron que la combinación de la máscara, los guantes y la forma en que se presentaba el disfraz recordaba imágenes relacionadas con el blackface y los antiguos minstrel shows, espectáculos que durante décadas utilizaron rasgos exagerados y estereotipos para caricaturizar a las personas negras. Target terminó retirando el producto, reconoció que se había equivocado y aseguró que revisaría internamente cómo un artículo así había logrado pasar por todo el proceso de aprobación hasta terminar en sus tiendas.
Tal vez una buena manera de medirlo sea preguntarnos si nos estamos disfrazando de alguien o si estamos disfrazándonos de lo que esa persona es. No es lo mismo vestirse como una celebridad mexicana que hacer de “ser mexicano” el chiste. No es lo mismo convertirse en un personaje japonés que utilizar los rasgos físicos de los japoneses como parte de la broma. Y tampoco es igual interpretar a una persona negra que recurrir a imágenes que históricamente fueron utilizadas para ridiculizar a toda una comunidad.
Ahora te toca a ti: ¿dónde pondrías la línea entre un disfraz divertido y uno ofensivo?







