The Invite: historias de amor y desamor que nunca dejan de viajar

Póster de The Invite (2026), dirigida por Olivia Wilde, protagonizada por Penélope Cruz, Seth Rogen y Edward Norton.

Olivia Wilde transforma una brillante historia nacida en Broadway en una de las comedias más inteligentes del año, con Penélope Cruz y Seth Rogen al frente de un reparto excepcional.

Crítico a Domicilio

Puntos clave

  • The Invite es una de las comedias más inteligentes y recomendables de 2026.
  • Olivia Wilde adapta una historia sobre el matrimonio, el deseo y la intimidad que ha viajado del teatro al cine y de Europa a Hollywood.
  • La película dialoga con Who’s Afraid of Virginia Woolf? y con Sentimental, la cinta de Cesc Gay que sirve como su antecedente más directo.
  • Penélope Cruz destaca con una interpretación segura, sensual y llena de matices como Piña, terapeuta y sexóloga.
  • Más que una simple comedia de vecinos, The Invite plantea una pregunta incómoda: ¿qué queda del amor cuando la rutina transforma una relación?

Nuestros argonautas tienen estos días la oportunidad de ver una de las comedias más interesantes de lo que va del año: The Invite (2026), la nueva película dirigida por Olivia Wilde, que está llegando al final de su exhibición en las salas de Los Ángeles tras varias semanas en cartelera. Bajo la apariencia de una comedia sobre dos parejas de vecinos que comparten una velada, la película esconde, sin embargo, una de las conversaciones más agudas e incómodas que el cine reciente ha planteado sobre la crisis de la vida en pareja. Su crítico a domicilio se permite recomendarla sin reservas, y enseguida les explicaré por qué.

      Siempre he creído que parte de la magia del cine y de la literatura consiste en los vasos comunicantes que se establecen entre unas historias y otras. Algunas cruzan fronteras, cambian de idioma, encuentran nuevos escenarios y nuevas maneras de contarse sin perder aquello que las hizo memorables. Los invito, por ello, a seguir el viaje de una de esas historias: un recorrido que comienza en Broadway, alcanza una de sus expresiones cinematográficas más memorables con Who’s Afraid of Virginia Woolf?, renace décadas después en el universo creativo del cineasta barcelonés Cesc Gay y encuentra hoy una nueva escala en The Invite, la más reciente película de Olivia Wilde.

      El primer puerto de ese recorrido se encuentra en Broadway. En 1962, Edward Albee estrenó Who’s Afraid of Virginia Woolf?, una obra que parte de una situación aparentemente inocente. Después de una recepción universitaria, un profesor de historia y su esposa invitan a un joven matrimonio a tomar una última copa en su casa. Lo que parece una visita de cortesía termina convirtiéndose, conforme avanza la madrugada, en un feroz combate verbal y psicológico donde la conversación va desnudando frustraciones, resentimientos y heridas que llevaban años ocultas.

      Cuatro años después, en 1966, Mike Nichols llevó esa obra al cine con Elizabeth Taylor y Richard Burton, convirtiéndola en una de las películas más notables del cine estadounidense. Su estreno provocó una controversia considerable por la crudeza de sus diálogos, su tratamiento inusualmente franco de la sexualidad y, sobre todo, por ofrecer una imagen del matrimonio muy distinta a la que Hollywood acostumbraba a presentar. Aquella incomodidad, que hoy puede parecer moderada, contribuyó a convertir la película en un punto de inflexión para el cine norteamericano de los años sesenta. Además, ayudó a acelerar la desaparición del famoso Código Hays, el sistema de censura moral que reguló durante décadas el contenido de las producciones hollywoodenses.


George Segal, Richard Burton, Sandy Dennis y Elizabeth Taylor en Who’s Afraid of Virginia Woolf? (Mike Nichols, 1966). 

      El teatro ha demostrado una y otra vez que no necesita grandes escenarios para revelar las pasiones humanas: basta una sala, una mesa, cuatro personajes y unas cuantas copas de vino. Edward Albee lo sabía, y más de medio siglo después ese mismo dispositivo dramático volvió a encontrar otro destino, esta vez en Barcelona. Cesc Gay retomó esa tradición con la obra teatral Los vecinos de arriba (2015), pero esta vez dando un giro hacia la comedia y la libertad sexual. Poco después él mismo la adaptó al cine con Sentimental (2020), con las notables actuaciones de Javier Cámara, Griselda Siciliani, Belén Cuesta y Alberto San Juan.

      Quienes descubran aquí el cine de Cesc Gay harán bien en buscar algunas de sus películas. Pocos directores contemporáneos han observado con tanta sensibilidad las contradicciones de la vida cotidiana y de las relaciones humanas. Muchos argonautas recordarán Truman (2015), con la que obtuvo el Goya a la Mejor Película, un conmovedor relato sobre la amistad, la enfermedad y la despedida. A ella se suman títulos tan recomendables como Historias para no contar (2022), Mi amiga Eva (2025) y 53 domingos (2026), que confirman una filmografía donde el humor y los problemas de pareja suelen caminar de la mano.

      En Sentimental, Gay apuesta por una puesta en escena deliberadamente austera. Predominan los planos medios y los acercamientos progresivos a los rostros; la música prácticamente desaparece y son las pausas, las miradas y los silencios los que sostienen la tensión dramática sin abandonar nunca el diálogo y el tono de comedia. Lo verdaderamente importante, sin embargo, no es la discusión sobre una cena, una alfombra o un gato, sino aquello que esas discusiones esconden: un matrimonio convertido en el espacio donde afloran frustraciones cotidianas, deseos reprimidos e insatisfacciones acumuladas durante años. Al terminar la película, el espectador descubre que las preguntas esenciales siguen siendo las mismas: ¿qué queda del amor cuando desaparecen las ilusiones? ¿Qué ocurre con el deseo cuando la rutina termina instalándose en la vida cotidiana?


Alberto San Juan, Belén Cuesta, Javier Cámara y Griselda Siciliani en Sentimental (Cesc Gay, 2020). 

      The Invite —titulada en México La invitación— traslada ese mismo conflicto a San Francisco. Angela (Olivia Wilde) y Joe (Seth Rogen) llevan el tiempo suficiente casados como para haber convertido las pequeñas diferencias cotidianas en una guerra permanente. Él intenta hacer un cumplido; ella responde “¿no podrías decirlo más a menudo?”. Cada conversación parece esconder una vieja deuda emocional. La llegada de los vecinos de arriba, Piña (Penélope Cruz) y Hawk (Edward Norton), desencadena una larga velada donde todas las certezas sobre el matrimonio, el deseo y la intimidad comienzan a resquebrajarse.

      Si Olivia Wilde dirige con inteligencia, Penélope Cruz termina de elevar la película con una interpretación extraordinaria como Piña, terapeuta y sexóloga, una mujer que representa todo aquello que Angela desearía ser: segura de sí misma, sensual y plenamente reconciliada con sus deseos. Suya es una de las ideas más sugerentes de la película: a lo largo de la vida, las personas atraviesan muchas relaciones, incluso sin cambiar de pareja, porque ninguno de nosotros permanece idéntico al paso del tiempo. A veces iniciamos una nueva relación con alguien distinto; otras, con la misma persona con la que llevamos viviendo muchos años.


Penélope Cruz como Piña, una terapeuta y sexóloga, en una destacada actuación. 

      Esa incomodidad permanente no nace únicamente del excelente guion heredado de Cesc Gay. Olivia Wilde comprende que una historia como esta también necesita encontrar una nueva forma de ser filmada. Allí donde Sentimental preservaba la intimidad del escenario teatral mediante una puesta en escena contenida, The Invite decide abrir visualmente ese universo. La directora utiliza una cámara más móvil y expresiva, incorpora planos generales que aprovechan el espacio del apartamento para subrayar las distancias emocionales entre los personajes y recurre ocasionalmente a la música extradiegética para acompañar sus estados de ánimo. Son dos aproximaciones distintas a un mismo material dramático: Gay confía en la fuerza desnuda de la palabra; Wilde explota las posibilidades expresivas del lenguaje cinematográfico. Las historias, después de todo, también cambian cuando encuentran una nueva mirada.

      Las grandes historias, se ve, nunca permanecen ancladas en un solo lugar. Zarparon hace más de sesenta años desde un escenario de Broadway, hicieron escala en Hollywood, tocaron puerto en Barcelona y hoy desembarcan en San Francisco de la mano de Olivia Wilde. De hecho, Sentimental se ha convertido ya en una franquicia con remakes en países como Francia, Corea del Sur e Italia. Ojalá pronto podamos ver la versión mexicana. En cada travesía pueden cambiar los actores, el idioma y la puesta en escena, pero siguen haciéndonos la misma pregunta: ¿qué ocurre cuando el amor deja de parecerse a la idea que alguna vez tuvimos de él?

The Invite confirma que las buenas historias nunca dejan de viajar; simplemente encuentran nuevas voces, nuevos actores y nuevos espectadores. Si todavía la encuentran en las salas, no dejen pasar la invitación, o estén atentos a su pronta llegada a las plataformas digitales.

Share this post :

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest