MÉXICO 86
“¿Quién se chingó a los gringos?”
En tiempos mundialistas solemos hablar de goles memorables, figuras legendarias y hazañas deportivas. Sin embargo, pocas veces pensamos en lo que sucede detrás del espectáculo: negociaciones, intereses políticos y millones de dólares en juego. Precisamente hacia ese territorio dirige la mirada México 86, la nueva película de Netflix estrenada el pasado 5 de junio; una sátira que reconstruye —con abundantes licencias dramáticas— la forma en que México obtuvo la sede de la Copa del Mundo hace cuarenta años.
Conviene recordar el contexto. En 1974, Colombia había sido designada como sede del Mundial de 1986. No obstante, en noviembre de 1982, el gobierno colombiano anunció que no podría cumplir con las crecientes exigencias de la FIFA, agravadas por la crisis económica y el clima de violencia que atravesaba el país. La renuncia abrió una feroz competencia entre México, que apenas doce años antes había organizado el inolvidable Mundial de 1970, y los Estados Unidos, cuya candidatura era respaldada por figuras de talla internacional como Pelé y Franz Beckenbauer. La victoria mexicana convirtió al país en el primero en organizar dos Copas del Mundo. Cuatro décadas después, con la actual edición compartida con Estados Unidos y Canadá, México vuelve a hacer historia al convertirse en el primer país en albergar el torneo en tres ocasiones.
Dirigida por Gabriel Ripstein, México 86 sigue los pasos de Martín de la Torre, interpretado por Diego Luna. Se trata de un personaje ficticio inspirado parcialmente en Rafael del Castillo, presidente de la Federación Mexicana de Fútbol entre 1980 y 1988. Tras la renuncia de Colombia, Martín descubre la oportunidad perfecta para transformar su destino. Gracias a su iniciativa logra convencer a Emilio “El Tigre” Azcárraga Milmo, dueño del imperio Televisa y auténtico padrino del fútbol mexicano, de nombrarlo presidente de la Federación con una única misión: conseguir la sede mundialista para México.
A partir de entonces comienza una carrera en la que la astucia, las maniobras políticas y los sobornos pesan mucho más que cualquier pasión deportiva. Cuando finalmente vence a la candidatura estadounidense, El Tigre lo recibe con una pregunta que resume el espíritu de la película: “¿Quién se chingó a los gringos?”. El abrazo que sigue no celebra un triunfo futbolístico, sino un negocio extraordinario. Desde ese momento queda claro que el balón es apenas un pretexto; lo verdaderamente importante es el dinero que genera.

Diego Luna como el picarísimo Martín de la Torre (México 86, Gabriel Ripstein, 2026).
¿Vale la pena ver México 86? Mi respuesta es sí, siempre que el espectador no espere un drama deportivo ni una reconstrucción histórica rigurosa. La propia película advierte desde sus primeros minutos: “Algunas de estas cosas sí pasaron”. Esa declaración de principios anticipa que Gabriel Ripstein y Daniel Krauze (guionistas del filme) privilegian la sátira sobre la precisión documental. Muchos episodios fueron exagerados o reinventados para construir una historia más entretenida y accesible para el gran público.
Quizá la adición más significativa sea el personaje de Susana Gómez-Mont, interpretado por Karla Souza. Primero aparece como amante de Martín y posteriormente se convierte en su esposa. Más allá de la licencia narrativa, el personaje funciona como un contrapeso moral frente al progresivo deterioro ético del protagonista. Souza construye una mujer que se resiste a someterse a las reglas de un sistema profundamente machista y corrupto, preservando su identidad allí donde Martín termina sacrificando la suya.

Karla Souza como Susana Gómez-Mont (México 86, Gabriel Ripstein, 2026).
¿En qué genealogía cinematográfica se inserta México 86? Para Diego Luna, esta cinta representa su segunda incursión en el universo futbolístico. La primera fue Rudo y cursi (Carlos Cuarón, 2008), donde compartió pantalla con su amigo charolastra Gael García Bernal. Aquella comedia seguía a dos hermanos que soñaban con triunfar, uno en el fútbol y otro en la música popular. Dentro de la producción televisiva nacional, la película también dialoga con Club de Cuervos (Gary Alazraki, 2015-2019), la primera serie original de Netflix realizada en México. Allí, la disputa por el control de un club de fútbol sirve para explorar conflictos familiares, desigualdad de género y luchas de poder. Tanto la serie como México 86 utilizan el fútbol como escenario para hablar, en realidad, de política, corrupción y relaciones sociales.

Diego Luna y Gael García Bernal (Rudo y cursi, Carlos Cuarón, 2008).
Sin embargo, la referencia más evidente se encuentra fuera del ámbito futbolístico. México 86 reproduce con notable fidelidad la estructura narrativa de The Wolf of Wall Street (Martin Scorsese, 2013). Al igual que Jordan Belfort —interpretado magistralmente por Leonardo DiCaprio—, Martín de la Torre narra su propia historia mediante una voz en off que constantemente rompe la cuarta pared. Ambos personajes ascienden desde posiciones modestas hasta alcanzar un éxito deslumbrante sustentado en prácticas corruptas, mientras seducen al espectador con un carisma imposible de ignorar.
Trepador, cínico, manipulador, mentiroso, arribista y profundamente machista, el Martín de Diego Luna comparte con Jordan Belfort esa extraña capacidad de provocar simultáneamente admiración y rechazo. La relación intertextual entre ambas películas resulta particularmente evidente en la secuencia donde Martín llega a las oficinas de la Federación para celebrar la obtención de la sede mundialista, una escena cuya construcción visual recuerda inevitablemente las celebraciones de Belfort tras consolidar su imperio financiero.

Leonardo DiCaprio como Jordan Belfort (The Wolf of Wall Street,Martin Scorsese, 2013)
El trabajo del elenco también merece un reconocimiento especial. Daniel Giménez Cacho ofrece una magnífica interpretación del arrogante y explosivo Emilio Azcárraga Milmo. Memo Villegas —inolvidable como el teniente Harina— realiza una divertida parodia de Hugo Sánchez al recrear la mítica controversia en la que el delantero supuestamente no quiso participar en la tanda de penales frente a Alemania en los cuartos de final de 1986 por estar acalambrado. No sorprende, por ello, que el propio Hugo Sánchez manifestara públicamente su inconformidad con la película, calificándola como una historia llena de mentiras. Una vivaz y ocurrente Karla Souza brilla en toda la película, especialmente en la escena íntima junto a Martín en donde imita al mismísimo Azcárraga, consiguiendo una de las secuencias más divertidas.

Daniel Giménez Cacho como Emilio “El Tigre” Azcárraga Milmo (México 86, Gabriel Ripstein, 2026).

Memo Villegas como Hugo Sánchez (México 86, Gabriel Ripstein, 2026).
Otro de los grandes aciertos reside en la recreación de los años ochenta a partir del diseño de producción de Mónica Chirinos y el vestuario de Adela Cortázar, así como una precisa inclusión de imágenes de archivo. A ello se suman una fotografía desaturada y arenosa a cargo de Emiliano Villanueva y una banda sonora que termina de transportar al espectador a esa época. En este terreno, Gabriel Ripstein ya había demostrado su habilidad en su proyecto para Prime Video, Mentiras, la serie (2025), donde utilizó clásicos del pop latinoamericano de los años ochenta para construir toda una atmósfera nostálgica.
A este crítico a domicilio le hubiera gustado encontrar una mirada todavía más incisiva sobre la corrupción de la FIFA y las estructuras de poder que durante décadas dominaron el fútbol mexicano. Sin embargo, esa no parece ser la película que Gabriel Ripstein quiso hacer. Su apuesta consiste en una sátira ligera, dinámica y sumamente entretenida que utiliza el Mundial como pretexto para exhibir las relaciones entre dinero, poder y espectáculo. Y quizá ahí radique su mayor acierto. Mientras México vuelve a convertirse en el epicentro de una Copa del Mundo, México 86 nos recuerda que detrás de las grandes gestas deportivas también existen negociaciones, ambiciones personales y juegos políticos que pocas veces aparecen frente a las cámaras. En el marco de la actual fiebre mundialista, esa mirada resulta tan pertinente como divertida. No se la pierdan estimados Argonautas.










