De Watchmen y Dune: Prophecy a The Leftovers, la ciencia ficción de HBO Max imagina futuros y realidades alternativas para explorar el poder, la memoria, la desaparición y nuestra necesidad de encontrar respuestas.
Puntos clave
- La ciencia ficción de HBO Max no se limita a imaginar el futuro: utiliza la tecnología y la especulación para explorar problemas profundamente humanos.
- Watchmen convierte la ciencia ficción en una herramienta para hablar de poder, raza, violencia y memoria histórica.
- Dune: Prophecy plantea un futuro donde la genética, la religión y el propio cuerpo humano se convierten en tecnologías de control político.
- The Leftovers explora qué ocurre cuando un fenómeno inexplicable altera nuestra relación con el duelo, la fe y la necesidad de encontrar respuestas.
- América Latina ofrece una lectura particular: colonialismo, violencia de Estado, desapariciones y disputas por la memoria encuentran fuertes resonancias en estas historias.
La ciencia ficción de HBO Max no está especialmente interesada en preguntar: “¿Qué inventaremos en 300 años?” Está mucho más interesada en:
“¿Qué problema humano estamos amplificando mediante esa tecnología?”
Continuamos con la revisión del interesante catálogo de HBO Max alrededor del eje central de la plataforma que nos responde a la trascendente pregunta: ¿qué significa ser humano? Y es que a través de preguntas es más interesante organizar las series del catálogo y no mirar estas series individualmente sino como un corpus.
Previamente respondimos a dos interrogantes inquietantes: ¿qué pasa si la civilización colapsa? Las serie The Last of Us responde con lo que estamos dispuestos a hacer por otro ser humano, y Station Eleven ofrece lo que queda de lo humano sin civilización. Por otro lado, Westworld y Raised by Wolves responden a ¿Qué pasa si creamos una nueva forma de inteligencia?
Las series esenciales, continuación
Ahora toca turno a responder ¿qué pasa si cambiamos la estructura política, biológica o histórica de la humanidad? HBO responde con Watchmen y Dune: Prophecy
Watchmen (2019). Es una continuación/reinterpretación del universo del cómic de Alan Moore y Dave Gibbons, situada décadas después de los acontecimientos originales. En una realidad alternativa, los vigilantes enmascarados son ilegales y Estados Unidos vive las consecuencias de una historia en la que existen seres con capacidades extraordinarias. La detective Angela Abar investiga una conspiración que inicialmente parece policial y acaba conectándose con la historia racial de Estados Unidos, la identidad de los superhéroes y la propia estructura de la realidad. La serie utiliza como punto de partida la masacre racial de Tulsa de 1921 y convierte ese episodio histórico en una pieza fundamental de su mitología.
Aquí la ciencia ficción es más especulativa: teleportación, clonación, manipulación genética, modificación biológica, tecnología de vigilancia, vehículos y armamento avanzados, inteligencia artificial, sustancias capaces de alterar radicalmente la percepción, un personaje cuya fisiología y experiencia del tiempo rompen las categorías humanas normales. La tecnología funciona fundamentalmente como instrumento político.
Es probablemente la serie más importante del catálogo Max para entender cómo la ciencia ficción contemporánea puede hablar de raza, poder y memoria histórica. Cuestiona la legitimidad de la violencia, si es posible reparar una injusticia histórica, o que ocurre si la sociedad transforma a sus héroes en mitos. La gran virtud de Watchmen es que no trata la historia alternativa como simple juego de “qué pasaría si”, sino como una herramienta para reescribir el presente.
Visualmente es extraordinaria. La dirección utiliza composiciones simétricas, colores muy controlados, iluminación expresionista, cambios radicales de formato y referencias visuales al cómic. La música de Trent Reznor y Atticus Ross es igualmente importante: electrónica, minimalista, ominosa. Hay además un uso excepcional del montaje temporal. La serie puede saltar entre 1921, el presente y futuros posibles sin explicar inmediatamente cómo se relacionan.

Watchmen pertenece a una tradición de ciencia ficción política profundamente marcada por la experiencia estadounidense: racismo, supremacía, policía, militarización y memoria histórica. Para un espectador latinoamericano, eso puede leerse comparativamente con dictaduras, violencia de Estado, desapariciones, militarización, memoria de conflictos civiles, impunidad y construcción oficial de la historia. El control de la memoria histórica es extremadamente latinoamericano.
Dune: Prophecy (2024-presente). Transcurre unos 10 000 años antes de Dune (novela de Frank Herbert, 1965) y muestra los orígenes de la Hermandad que posteriormente dará lugar a las Bene Gesserit. Después de una guerra contra máquinas pensantes, Valya y Tula Harkonnen intentan consolidar el poder de la Hermandad mientras manipulan dinastías, genética y religión.
Que hacer si una civilización progresa hasta el punto de generar tecnologías “peligrosas” tales como: la inteligencia artificial, ingeniería genética, manipulación reproductiva, condicionamiento psicológico, control hormonal, navegación espacial, tecnologías médicas y capacidades cognitivas humanas llevadas a extremos. La civilización de Dune decidió reemplazar algunas de esas tecnologías artificiales por tecnologías del cuerpo humano.
Éticamente la serie presenta el control de la población como el tema central. La hermandad es una especie de ingeniería social a escala imperial. La IA no domina a los humanos, los propios humanos se convierten en la tecnología de dominación.
Estéticamente es es una ciencia ficción deliberadamente antimoderna. El futuro se representa mediante: arquitectura monumental, tejidos, rituales, piedra, metal, cuerpos ceremonias colores terrosos y espacios gigantescos. El resultado es una estética casi arqueológica. La producción se rodó, entre otros lugares, en Hungría y Jordania.

Para un espectador latinoamericano, la analogía con historias coloniales y postcoloniales resulta difícil de ignorar. Un centro político poderoso administra territorios periféricos mediante recursos, religión y genealogía.
¿Qué pasa si desaparece una parte de la humanidad?
La respuesta viene de una de mis series favoritas The Leftovers (2014-2017) en esta obra se utiliza la especulación para examinar ciencia, sociedad, ética y cultura. Invariablemente este serie aparece en los listados de las mejores cinco series de TV en la década de los 2010s. HBO la clasifica como una serie centrada en un acontecimiento global inexplicable: la desaparición súbita de 140 millones de personas.
Considero que esta serie es ciencia ficción aunque casi no tenga “tecnología” lo que la hace precisamente interesante. En The Leftovers se explora la pregunta de ¿qué pasaría si ocurriera algo científicamente inexplicable y nunca pudiéramos saber por qué? El 14 de octubre, 2011 desaparece el 2% de la población mundial. No hay explicación científica, no hay causa conocida, no hay mecanismo que investigar. Y la serie se niega deliberadamente a resolver el misterio. HBO describe precisamente la Departure (Partida Súbita) como un acontecimiento que puede o no ser el rapto bíblico. Eso convierte a The Leftovers en una forma muy particular de ciencia ficción: ciencia ficción epistemológica.
La verdadera tecnología de The Leftovers es: la explicación. Después de la Departure aparecen innumerables intentos de explicar el fenómeno: religión, ciencia, pseudociencia, cultos, teorías conspirativas, explicaciones psicológicas, experiencias sobrenaturales, profecías, medios de comunicación e instituciones gubernamentales. Pero ninguno puede demostrar qué sucedió. Por eso la serie convierte la necesidad humana de encontrar causalidad en su objeto de estudio. Es una cuestión muy científica: ¿Qué hacemos cuando tenemos un fenómeno observado pero no tenemos una teoría capaz de explicarlo?
Y también muy filosófica: ¿Cuánta evidencia necesitamos antes de creer algo?
Éticamente es extraordinaria. La Departure produce una situación moralmente fascinante. Imagina que desaparece alguien que amas. No sabes si está muerto, si está vivo si volverá, si fue elegido, si fue castigado, si fue transportado a otro lugar, si existe una explicación física, si volverá a suceder. No existe duelo normal. El duelo necesita cierta certeza. The Leftovers crea un mundo en el que la incertidumbre es permanente.
Y aquí conecta extraordinariamente bien con América Latina. Creo que incluso tiene una conexión latinoamericana más profunda de lo que señalé para varias de las otras series. Porque América Latina tiene una experiencia histórica muy particular con la desaparición. No estoy diciendo que The Leftovers sea una alegoría directa de las desapariciones políticas latinoamericanas. No lo es. Pero el concepto de una persona que desaparece sin que su familia pueda obtener una explicación tiene una resonancia extraordinaria en sociedades marcadas por: desapariciones forzadas, violencia política, migración, exilio, catástrofes, desplazamientos o familias que viven durante años sin saber qué ocurrió con alguien.
Culturalmente es una de las obras más interesantes de HBO. La serie no construye un “mundo futurista”. Construye una sociedad psicológicamente alterada. Tres años después del evento, la vida cotidiana parece relativamente normal, pero nada es normal. HBO resume precisamente la reacción social como un proceso que puede convertir la fe en cinismo, paranoia, locura o fanatismo sectario. Es decir: el mundo físico no ha cambiado tanto; el mundo interpretativo ha cambiado por completo. Y eso es ciencia ficción social en estado puro.

Visualmente es fundamental. The Leftovers utiliza el lenguaje visual para representar ausencia. Hay: espacios vacíos, silencios incómodos, personajes aislados dentro del encuadre, multitudes que parecen emocionalmente desconectadas, ceremonias, fuego, agua, paisajes abiertos e interiores domésticos convertidos en lugares extraños.
Y después está Max Richter. Su música es absolutamente fundamental para la identidad de la serie. Richter utiliza motivos recurrentes que convierten determinadas emociones en una especie de memoria musical. La música no simplemente acompaña las escenas: parece expresar lo que los personajes no pueden verbalizar. Esto es especialmente importante porque The Leftovers habla constantemente de cosas que no pueden explicarse mediante diálogo. Finalmente, debo rescatar la actuación de la protagonista Carrie Coon, su interpretación de Nora Durst es simplemente espectacular.
Finalmente, conviene hacer una precisión: el catálogo de HBO Max cambia por país y por mes, y algunas de las obras fundamentales que estuvieron en la plataforma ya fueron retiradas. A fecha de agosto de 2026, la propia plataforma sigue ofreciendo, entre otras, The Last of Us, The Leftovers, Watchmen y Station Eleven; además, el catálogo actual incluye Dune: Prophecy, ¡García! y la nueva Lanterns.







