¿Por qué no consumimos el deporte femenil?

Atletas mujeres compitiendo frente a las gradas durante un evento deportivo profesional

Puntos clave

  • El deporte femenil profesional sigue recibiendo menos atención, cobertura, audiencia e inversión que el masculino.
  • Los medios tienen parte de la responsabilidad: si una liga o una atleta casi no aparece en televisión, radio o prensa, es mucho más difícil construir una afición.
  • El consumo también comienza en casa. Niñas y niños necesitan crecer viendo, admirando y celebrando a grandes atletas mujeres.
  • El tenis femenino demuestra que sí es posible construir estrellas globales, grandes audiencias y fuertes patrocinios cuando existe inversión sostenida durante décadas.
  • La WNBA vive un momento de mayor exposición, pero muchas veces la conversación alrededor de la liga se concentra más en polémicas que en lo que sucede dentro de la cancha.
  • Apoyar al deporte femenil no es solamente decir que estamos a favor: también significa verlo, comprar boletos, seguir a sus atletas y llevar a nuestros hijos a los estadios.

Decimos que apoyamos a las atletas y queremos mejores oportunidades para ellas, pero ¿las vemos, compramos boletos y seguimos sus competencias? La respuesta revela una parte incómoda de la desigualdad deportiva.

Hay una pregunta que parece sencilla hasta que intentamos responderla con sinceridad: ¿vemos regularmente deporte profesional femenil? No hablamos de encontrarnos con un video en Instagram, celebrar una medalla olímpica o conocer el nombre de una atleta famosa. Hablamos de sentarnos a ver un partido, seguir una temporada, comprar una camiseta o pagar un boleto para ir al estadio. Porque una cosa es decir que apoyamos el deporte femenil y otra muy distinta es consumirlo.

La pregunta surgió durante una conversación en Omar y Argelia en Youtube y rápidamente llevó a un punto fundamental: parte de la responsabilidad está en los medios. Durante décadas hemos decidido qué partidos merecen cobertura, qué resultados aparecen primero y qué atletas se convierten en personajes conocidos. Leonel Damián, fundador de Fútbol Network TV, mencionaba el caso de Los Ángeles: tenemos equipos profesionales femeninos como Angel City FC y Los Angeles Sparks, pero basta escuchar regularmente la radio deportiva o ver algunos programas para comprobar que su presencia sigue siendo muy diferente a la de Lakers y otros equipos masculinos de la ciudad. Si el intermediario entre el deporte y el consumidor son los medios, también debemos preguntarnos qué responsabilidad tenemos en haber creado esa diferencia.

Sin embargo, sería demasiado cómodo culpar solamente a la televisión, la radio o los periódicos. La conversación llevó el problema a un lugar todavía más cercano: nuestra propia casa. Los aficionados no nacemos sabiendo qué equipos debemos seguir; alguien nos los presenta. Aprendemos a querer un club porque nuestros padres veían sus partidos, conocemos a las estrellas porque escuchamos hablar de ellas durante años y eventualmente heredamos rivalidades, camisetas y hasta sufrimientos deportivos.

Entonces, ¿por qué no hacemos lo mismo con las mujeres?

Argelia recordó durante la conversación la experiencia de su hija Camila, quien juega tenis desde los cinco años. Desde pequeña, Omar la llamaba para ver competir a Serena y Venus Williams y eventualmente llevaron a sus hijas hasta el US Open en Nueva York para ver de cerca a aquellas campeonas surgidas de Compton. El objetivo no era convertirlas obligatoriamente en tenistas profesionales; era mostrarles lo que una mujer podía alcanzar en ese deporte. Y ahí apareció una reflexión todavía más importante: esa experiencia no debería reservarse exclusivamente para nuestras hijas. Los niños también necesitan crecer viendo, admirando y celebrando a grandes atletas mujeres.

El tenis demuestra que construir esa cultura es posible. Hace más de cinco décadas Billie Jean King encabezó una batalla por transformar las oportunidades económicas y profesionales de las tenistas y fue pieza fundamental en la creación de la WTA. Lo que vino después no ocurrió de la noche a la mañana: fueron generaciones de atletas, torneos, patrocinadores, cobertura y rivalidades que terminaron creando estrellas globales.

Deporte femenil

7 de las 10 atletas mejor pagadas son tenistas

Según datos publicados por Forbes correspondientes a 2025, el tenis domina la lista de las atletas con mayores ingresos, reflejo de décadas de construcción de estrellas, audiencias y patrocinadores.

# Atleta Deporte Ingresos estimados 2025
1 Coco Gauff 🇺🇸 Tenis $33 M
2 Aryna Sabalenka 🇧🇾 Tenis $30 M
3 Iga Świątek 🇵🇱 Tenis $25.1 M
4 Eileen Gu 🇨🇳 Esquí freestyle $23.1 M
5 Zheng Qinwen 🇨🇳 Tenis $20.6 M
6 Caitlin Clark 🇺🇸 Básquetbol $16.1 M
7 Nelly Korda 🇺🇸 Golf $13.8 M
8 Naomi Osaka 🇯🇵 Tenis $12.5 M
8 Madison Keys 🇺🇸 Tenis $12.5 M
10 Elena Rybakina 🇰🇿 Tenis $12.1 M

Dato clave: siete de las diez posiciones corresponden a tenistas, una señal del peso comercial que el tenis femenino ha construido durante décadas.

Fuente: Forbes, datos de ingresos estimados correspondientes a 2025.

La diferencia se hace evidente en otras disciplinas. Durante el programa, Omar recordó haber asistido recientemente a un torneo de la LPGA en el Valle de San Fernando y encontrarse con poca asistencia durante buena parte de la competencia, particularmente al compararla con las multitudes que pueden congregar los torneos masculinos. Ahí aparece la realidad empresarial que muchas veces preferimos evitar: un patrocinador quiere ojos frente a su marca, una cadena necesita audiencia y una liga necesita personas en las tribunas. Si esos ojos no llegan, conseguir más inversión se vuelve mucho más difícil.

La WNBA está demostrando lo que puede ocurrir cuando aparecen estrellas capaces de atravesar esa barrera. Caitlin Clark llegó acompañada de una enorme atención construida desde el básquetbol universitario y ayudó a llevar nuevas miradas hacia la liga. Sin embargo, durante la conversación surgió otra observación interesante: muchas veces, cuando finalmente hablamos del deporte femenil, terminamos hablando de cualquier cosa menos del deporte. Racismo, controversias, conflictos personales y debates sociales pueden dominar titulares mientras las actuaciones de las propias jugadoras pasan a segundo plano.

No significa que esas conversaciones no deban existir, pero vale preguntarnos por qué tantas veces necesitamos una polémica para prestar atención a una atleta.

Quizá el cambio comience con algo mucho menos complicado. La próxima vez que haya un partido femenino, verlo. Llevar a nuestros hijos —niñas y niños— a un estadio. Conocer los nombres de las jugadoras. Comprar una camiseta. Hablar de quién jugó bien y quién jugó mal exactamente como lo hacemos después de un partido de hombres.

Decir “yo apoyo a las mujeres” puede expresar una intención admirable, pero el deporte profesional también vive de nuestras decisiones como consumidores. Como se resumió durante la conversación: apoyar significa también prender la televisión, ir al estadio y enseñar a nuestros hijos que esas atletas merecen nuestra atención.

Tal vez entonces la pregunta no sea por qué las mujeres no reciben el mismo apoyo que los hombres. Quizá primero deberíamos preguntarnos algo a nosotros mismos: ¿Cuándo fue la última vez que nos sentamos a verlas jugar?

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