La casa de los espíritus en Prime Video: ¿vale la pena verla? La reseña honesta de crítico a domicilio

La casa de los espiritus en prime video.

La novela de Isabel Allende llega por fin a la pantalla en español y filmada en Chile. Chava Chávez compara la miniserie de Prime Video con la película de 1993 y explica sus aciertos y sus límites.

Debemos a la escritora chilena Isabel Allende una de las novelas más populares en América Latina: La casa de los espíritus, publicada en 1982, que se inserta en el paradigma del realismo mágico. La influencia de Cien años de soledad (1967), del colombiano Gabriel García Márquez, está presente en la obra; en ambas se cuenta la historia de una familia de varias generaciones mezclando lo real y lo mágico en la vida cotidiana, así como diversos episodios de la política latinoamericana. En el caso de Allende, se narra el trágico golpe de Estado que acabó con el gobierno de Salvador Allende en 1973. Con todo, la autora nos ofrece una mirada que se concentra en personajes femeninos fuertes: Clara del Valle, la clarividente que tiene la facultad de predecir el futuro; Nívea, su madre, que luchó por los derechos de la mujer y las clases sociales desposeídas; Blanca, hija de Clara; y Alba, nieta de Clara e hija de Blanca. Todas ellas se involucran en la lucha para mejorar la condición social de la mujer en América Latina. Dicho de otro modo, estos personajes desafían el despotismo patriarcal, la dictadura y la represión, por lo que la profesora Patricia Hart ha denominado esta propuesta como “feminismo mágico”.

En casi 400 páginas, la trama abarca la historia de Chile de buena parte del siglo XX, desde la época de los grandes terratenientes hasta la caída del presidente Allende. Sin embargo, se mezcla la historia de ese país con la crónica familiar de la propia escritora, quien ha declarado que lo narrado es básicamente la historia de sus ancestros. El patriarca, Esteban Trueba, está inspirado en la figura de su abuelo; Clara, en su abuela; Blanca en su madre. Según ella, todo es real, incluido el perro Barrabás que acaba convertido en alfombra. Además, es una novela poblada de personajes que no tienen nombre, pero resultan plenamente identificables, como el Cantante (el trovador Víctor Jara, asesinado por la dictadura), el Poeta (Pablo Neruda, premio Nobel de literatura) y el Candidato (Salvador Allende, el presidente que intentó llevar a su país al socialismo por medios democráticos).

La novela se escribió en Venezuela en 1981, cuando la autora se encontraba exiliada por su conexión familiar con el presidente derrocado. Está narrada por tres voces: Alba, que hereda una serie de cuadernos escritos por su abuela Clara a lo largo de 50 años; Esteban Trueba, que narra algunas secciones; y una narradora omnisciente. El libro se convirtió rápidamente en un bestseller con traducciones a diversas lenguas y grandes ventas. Esta riqueza narrativa y simbólica explica por qué la historia ha tentado al cine y, más recientemente, a las plataformas de streaming.


Isabel Allende es una de las escritoras más leídas en América Latina

Ya he comentado en esta columna la tendencia de adaptar obras literarias en plataformas como Netflix, que ha apostado por llevar a la pantalla chica textos que poseen un capital simbólico consolidado dentro de sus respectivas tradiciones culturales; la adaptación de Cien años de soledad es un caso paradigmático. Prime Video decidió no quedarse atrás y, tras su esperado estreno este pasado 29 de abril, la miniserie de 8 episodios basada en la obra de Allende se ha consolidado como un debate abierto. Producida por Amazon MGM Studios y FilmNation, bajo la dirección de Francisca Alegría y Andrés Wood, estamos frente a un importante acontecimiento en nuestro ecosistema del streaming, ya que es la primera vez que se adapta esta novela en español y en locaciones de Chile.

Antes de entrar en la miniserie, es importante traer a la memoria la primera adaptación cinematográfica de la obra. Me refiero a la película del director danés Bille August —el mismo de la premiada Pelle, el conquistador— que no logró capturar la realidad chilena. En esa producción de 1993, las cartas estuvieron en su contra desde el principio. Primero, aunque se benefició de un elenco de primer nivel con Meryl Streep, Jeremy Irons, Winona Ryder y Glenn Close, entre otros, el uso del inglés le restó toda autenticidad a la historia (de actores latinos solo recuerdo a María Conchita Alonso y a Antonio Banderas). Segundo, se rodó en Portugal y Dinamarca, geografías que no se parecen en nada a Chile, dominado por la imponente cordillera de los Andes. Tercero, sorprende ver una Navidad en Santiago de Chile en pleno invierno, con nieve y tremendos abrigos. Aquí la ignorancia del director rompió todos los límites, ya que en diciembre en esa parte del mundo es pleno verano y las temperaturas son altas. En pocas palabras, no se cuidaron los mínimos detalles en una producción que rebasó los 25 millones de dólares, por lo que esta primera versión peca de falsedad, por decir lo menos.


Meryl Streep como Clara del Valle

Lo paradójico es que la miniserie de Prime Video, al intentar corregir los errores de su predecesora, tropieza con un problema distinto. Al querer ser iberoamericana con un elenco de varios países, cae en una especie de deslocalización lingüística que también crea distancia, cediendo ante ese “acento neutro de plataforma” tan común en el streaming global. El elenco está encabezado por Alfonso Herrera, Dolores Fonzi, Nicole Wallace, Juan Pablo Raba y Fernanda Castillo; es decir, actores y actrices de México, Argentina, España y Colombia. Aunque contaron con un coach para trabajar el acento chileno, no todos lo lograron hacer bien, y se nota demasiado el contraste con los actores locales de la producción. En un sentido opuesto, la serie Cien años de soledad (Netflix, 2024-2025) logró conformar casi el 100% de su elenco con intérpretes de Colombia, logrando una identidad regional muy marcada. Eso le otorga una autenticidad que no se consigue del mismo modo en La casa de los espíritus.


La boda de Clara del Valle (Nicole Wallace) y Esteban Trueba (Alfonso Herrera)

A diferencia de la película de 1993, la miniserie de Prime Video fue rodada íntegramente en Chile, utilizando la geografía real que inspiró a la autora, lo cual es un gran acierto. Para recrear las extensiones de tierra de Esteban Trueba (el fundo Las Tres Marías), la producción grabó en bellas locaciones enmarcadas por la cordillera de los Andes. Aparece también el desierto de Atacama con un rol visualmente impactante, aprovechando el famoso fenómeno del “desierto florido” tras lluvias inusuales. Se logró así una de las secuencias más interesantes (episodio 2), que funciona como una especie de realismo mágico brotado de la propia naturaleza. Esto vale para el resto de la representación de la magia en la miniserie: se aleja de los efectos digitales exagerados o artificiales para dar paso a sutiles juegos de iluminación y a la actuación del elenco, logrando que la presencia de los espíritus se sienta como una parte orgánica de la vida cotidiana.


El “desierto florido” en Atacama

Con sus aciertos y sus limitaciones, la propuesta de Prime Video es una adaptación que vale la pena ver. La apuesta por rodar en Chile, con su geografía imponente y su historia dolorosa como telón de fondo, le otorga una legitimidad que la película de 1993 nunca pudo alcanzar. La decisión de narrar desde la voz de Alba, sumada a un tratamiento visual que integra la magia sin estridencias, devuelve al centro del relato lo que siempre estuvo en el corazón del libro: la resistencia de las mujeres frente al poder. No es una adaptación perfecta —el mosaico de acentos sigue siendo un ruido que distrae— pero es, sin duda, la que esta historia merecía: contada en español, filmada en Chile y fiel al espíritu feminista que Isabel Allende sembró hace más de cuatro décadas.

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